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El Tipo de Sangre y la Alimentación.

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 Vivimos una época en que todo se define por estándares: desde lo que medimos hasta nuestro coeficiente intelectual. La alimentación no podía ser una excepción y en un intento por definir la forma de alimentación ideal, hemos acabado con un montón de dietas, para todos los gustos y colores.

 Seguramente todas ellas funcionan a algunas personas en determinados casos, pero aún no se ha diseñado la dieta que nos funcione a todos durante toda nuestra vida…. ni se diseñará.

 Cada uno de nosotros somos seres únicos que compartimos algunas señas de identidad colectivas. Así que se trata de aprender sobre esos signos compartidos, ver si se verifican en nosotros, y construir a partir de ahí, nuestra propia dieta, adaptada a nuestras necesidades en cada momento.

 Esto es lo que nos propone la alimentación según los tipos sanguíneos, un interesante enfoque de los alimentos y su relación con nuestra sangre.

 Tras décadas de investigación, el doctor Peter J. D’Adamo, un renombrado médico especialista en medicina natural, plasmó en un libro el papel que juega el grupo sanguíneo en nuestro organismo. Su hipótesis es que cada grupo, O, A, B, AB, reacciona químicamente y de manera diferente a cada tipo de comida. Según el Dr. D’Adamo, nuestro grupo sanguíneo determina qué tipo de alimentación es la mejor para nuestro organismo, qué clase de ejercicio debemos realizar y qué estilo de vida nos conviene adoptar para evitar las tensiones cotidianas.

 Probablemente usted no esté de acuerdo, pero Peter J. D’Adamo sostiene en su libro “Los grupos sanguíneos y la alimentación”, que la teoría de la alimentación debe basarse en el tipo de sangre de cada persona, concepto con el cual pretende superar los estándares alimenticios de la medicina moderna.

 Cómo nace el concepto de la dieta por grupos sanguíneos

 Hace ya varios años el médico naturópata James D’Adamo, convencido de que no existía un sistema de alimentación universalmente válido, observó que aunque muchos de sus pacientes respondían bien a dietas vegetarianas, otros no sólo no lo hacían, sino que incluso parecían empeorar con este tipo de dietas.

Buscando un patrón que le ayudara a acertar con el mejor tipo de alimentación posible para sus pacientes, pensó que siendo la sangre el principio nutritivo fundamental del organismo, allí podría encontrar, tal vez, alguna clave.

Después de muchos pacientes y mucha experimentación, las pautas empezaron a aparecer y en 1980 este médico publicó sus primeras conclusiones empíricas en un libro llamado “El alimento de un hombre”. Sin embargo, no sería hasta 1996 cuando su hijo, Peter D’Adamo, también médico naturópata, profundizara en las observaciones de su padre y publicara el libro que ha dado verdaderamente a conocer a nivel internacional, la teoría sobre la alimentación y su relación con los tipos sanguíneos: “Los grupos sanguíneos y la alimentación”.

La teoría de los tipos sanguíneos

 La teoría de los tipos sanguíneos de los doctores D’Adamo explica que el tipo de sangre de cada persona es la clave de su sistema inmunológico porque controla la influencia que los virus, bacterias, infecciones, sustancias químicas, exceso de stress, y cualquier situación que sea capaz de comprometer el sistema inmune, cuya función, reducida a términos muy simples, es la de reconocer lo propio y eliminar lo extraño, lo ajeno.

El sistema inmunológico cuenta con métodos muy sofisticados para poder reconocer a una sustancia como propia o como ajena, entre ellos están los antígenos que son unos indicadores químicos que se encuentran en las células de toda forma de vida. Y uno de los antígenos más poderosos, es precisamente, el que determina el tipo de sangre.

Cuando el antígeno del tipo de sangre detecta que un antígeno extraño ha entrado en el organismo, lo primero que hace es crear anticuerpos contra ese antígeno “invasor”. Un anticuerpo es como un artilugio inteligente destinado a identificar y atacar a un determinado tipo de antígenos.

A nivel físico cuando un anticuerpo localiza un antígeno extraño, se produce una reacción llamada aglutinación, que hace que el antígeno extraño se vuelva pegajoso. Esta aglutinación de antígenos extraños hace que se adhieran unos con otros, y así son más fáciles de tener bajo control y eliminar.

Los resultados

 Las investigaciones y observaciones realizadas por los D’Adamo y otros investigadores, permitieron establecer dos cuestiones especialmente útiles:

1. Que la evolución histórica de los tipos sanguíneos, desde la aparición del primer humano sobre el planeta hasta nuestros días, permite establecer un perfil por tipo sanguíneo que ayuda a comprender qué tipo de alimentación se adapta mejor a cada tipo y por qué.

2. Clasificar los alimentos según su acción para cada tipo sanguíneo como positivo, neutro o desaconsejable. Un alimento positivo actúa como una medicina porque se adapta a las necesidades del organismo completamente y lo refuerza (por ejemplo, un plato de lentejas refuerza a un tipo A). Un alimento neutro actúa como un alimento: no refuerza ni perjudica (por ejemplo, un plato de lentejas rojas es un alimento neutro para el tipo AB). Un alimento desaconsejable actúa como una sustancia perjudicial para el organismo: provoca aglutinación, y por lo tanto, a la larga, enfermedad (por ejemplo, un plato de lentejas es perjudicial para un tipo O y un tipo B).

La elección personal

 Con la información recopilada por su padre, y ampliada por su propia experiencia, Peter D’Adamo clasificó distintos alimentos de uso habitual, según sean beneficiosos, neutros o perjudiciales para cada tipo sanguíneo. Sin embargo, clasificar los alimentos por su efecto en los distintos tipos sanguíneos no es de ninguna manera una forma de simplificar las cosas.

 Está claro que algunas de nuestras características particulares van mucho más allá de nuestra vida o la de nuestros progenitores: se entierran en el principio de los tiempos. Pero son nuestros problemas, insatisfacciones y reacciones de ahora las que están alimentando la enfermedad.

 Es normal que los estudios realizados por los doctores D’Adamo hayan generado muchas críticas, y que sus detractores aseguren que hasta el momento, no se ha determinado que el factor RH tenga que ver con el tipo de genética nutricia de cada persona.

 Sin embargo, sabemos que la alimentación y el exceso de estrés son dos causas de primer orden en el desencadenamiento de enfermedades, por lo tanto, todo lo que ayude a mejorar estos dos aspectos y a neutralizar sus efectos negativos, es bienvenido. No olvide que siempre es recomendable que utilice lo que va aprendiendo con sentido común y objetividad. Son simplemente herramientas, todas sirven para determinada cosa en un determinado momento. Es su decisión la que determina cuándo usarlas…y cómo usarlas

 Las diferencias de los tipos sanguíneos

 La evolución histórica de los tipos determinó la adaptación de sus sistemas digestivos a las nuevas circunstancias imperantes a medida que estas se sucedían, desde el carnivorismo feroz del tipo O, primer habitante del planeta, hasta el flexible tipo AB surgido hace diez o doce siglos.

 Del análisis de esta evolución, los doctores D’Adamo han podido determinar los siguientes perfiles:

• Tipo O El Cazador: es un gran consumidor de carne en gran parte gracias a que cuenta con un aparato digestivo realmente resistente. Tiene un sistema inmunológico muy activo, pero no se adapta bien a los cambios ambientales y dietéticos. Una actividad física intensa le ayuda a controlar el estrés.

• Tipo A El Agricultor: es el primer vegetariano y se alimenta principalmente de los productos de la tierra. No es muy aficionado a la carne seguramente porque su sistema digestivo es delicado. Tiene un sistema inmune tolerante lo que le permite adaptarse bien a las condiciones alimenticias y ambientales. Controla mejor el exceso de estrés con actividades relajantes y ejercicios físicos de baja intensidad. La dieta vegetariana ayuda al tipo A a mantenerse en forma.

• Tipo B El Nómada: es la síntesis de la evolución de los dos grupos anteriores, por lo tanto su dieta es más equilibrada. Dueño de un sistema inmune poderoso y de un sistema digestivo tolerante, opta por elecciones dietéticas más flexibles. Es un gran consumidor de productos lácteos. Controla mejor el exceso de estrés con actividades de tipo creativo y necesita encontrar un equilibrio entre actividad física y actividad intelectual para sentirse en forma.

 • Tipo AB El Enigma: es la fusión moderna de los grupos A y B. Poseer antígenos múltiples los vuelve camaleónicos, y de esta forma responden a los cambios dietéticos o ambientales. Su sistema inmune es el más tolerante de los cuatro tipos sanguíneos y al igual que el Tipo A, tiene un tubo digestivo sensible y controla mejor el exceso de estrés con actividades relajantes y ejercicios físicos de baja intensidad. •

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Autor: nutricelldemexico

Especialista en Biocibernética, Nutrición Ortomolecular y Nutrición Celular

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